domingo, 9 de marzo de 2008

Donde comer un buen bife de chorizo

La Taberna de Roberto contiene todos los ingredientes de una fonda o bodegón de barrio. No solo en la calidad de la carne y las pastas caseras, también en el entorno compuesto por los variados parroquianos, los vecinos del barrio (puede observarse su rutina si se consigue una mesa al lado de la ventana o en la vereda) y los educados vendedores ambulantes que dejan casi de manera imperceptible sus mercancías sobre las mesas.

Por ejemplo, almorzando un domingo, no es inverosímil observar que llega un camión de mudanzas, y tres operarios bajan una heladera que llevan entre las mesas repletas a la cocina del restaurante. La gente, en lugar de ofenderse, hace lugar a los changarines.
Una mujer que mendiga alguna moneda para comer, puede satisfacer su hambre por algún comensal que le prepara un sándwich de carne, ya que sabe y su sensatez se lo indica, que las porciones, de tan abundantes, van a sobrar.
Gente que aún toma un sifón de soda solamente, gente grande, parejas y familias componen el lugar. Es decir, gente de barrio que no necesita ocultar su auntenticidad.
Con tres sucursales, la original en el barrio de Boedo y otra en Parque Patricios, hay que llegar temprano a todas para conseguir un lugar. (En el futuro de este blog habrá capitulos aparte para estos dos barrios notables en cuanto a historia de la ciudad, asociados principalmente al tango y el fútbol).
Mozos experimentados y memoriosos, en contraste con algunos olvidadizos que existen en algunos restaurantes de comida de autor que tanto proliferan por Palermo o Las Cañitas. Precios sensatos en relación al menú ofrecido, no hace falta pedir lujo, confort o más de un camarero atendiendo la misma mesa cuando el gran protagonista es la comida, y en especial la carne. En la Argentina, el país donde un sector nutrido de la población (de todos los estratos sociales) consume gran cantidad de carne vacuna (las estadísticas proclaman mas de 62 kilogramos anuales por habitante, según el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina, Cuadernillo Técnico Nro.4, 2007), hay una formula sencilla y que garantiza cierto éxito; buena parrilla y buena carne, a pesar de que el lugar no sea suntuoso. En estos comedores pueden darse cita desde la gente mas acomodada a la más sencilla. El objetivo: comer bien a un precio razonable.
Los comentarios dejados por los comensales de la completa Guía Óleo
http://www.guiaoleo.com.ar/ de Buenos Aires para la Taberna de Roberto pueden ser desiguales en algunos aspectos, pero la mayoría coinciden en resaltar la calidad de la carne.
El bife de chorizo es como los que se servían hace años; tiernos, sustanciosos y hasta con una punta con grasa que les da un carácter especial. Después de la crisis del 2002 y aprovechando el auge de la comida gourmet o de autor, que en general minimiza las raciones, los suculentos bifes de chorizo comenzaron a languidecer. Incluso muchos bodegones tradicionales en la última década ya no fueron los mismos en cuanto a brindar una relación precio/calidad/cantidad acorde; más bien el balance fue desfavorable para el cliente en provecho de la supervivencia o la reducción de costos de los restaurantes.
La carne de entraña es otro trozo vacuno noble, que bien cocido y acompañado de un sencillo puré de papas resulta un plato sabroso. El fino cuero en ambos lados del corte le otorga un gusto diferente.
A muchos les puede gustar la carne bien cocida, en especial en estos momentos en que surgen los temores a los virus y bacterias producidos por falta de cocción, pero puede resultar un poco seca si la carne no es lo suficientemente tierna. Pero lo cierto es que comer algún trozo de estos cortes “bien jugoso” para luego mojar el pan en el jugo repasando el plato, es un placer muy recomendable que se les observa hacer a varios comensales.


Para ser un bodegón al cien por ciento solo le faltaría dos cosas esenciales: que el vino “de la casa” se sirva en los ya desaparecidos “pinguinos” y que el mozo (camarero) use un lápiz en la oreja, aunque nunca lo utilice ya que su memoria prodigiosa no podría fallar jamás.
Lo cierto es que se trata de lugares que de “oficio” no deberían desaparecer de la ciudad, ya que pertenecen a su olvidada esencia; modificada en muchos casos por salones con luces dicroicas, cartelera ostentosa, servilletas y manteles de papel y platos mínimos, que incluso condicionan a que algún comensal dude en reclamar que la ración es mínima.

Ubicación de las Tabernas de Roberto:

Castro Barros esquina Inclan, Boedo. Loria 2110, en el mismo barrio. Y a pocas cuadras, Caseros y Diogenes Taborda, la sucursal del barrio Parque de los Patricios.

contador de visitas



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1 comentario:

Alicia Seminara dijo...

Malo, malo Damián!

Cómo publicás esto cuando todavía faltan meses para que vuelva!

Qué hago con toda la baba que se me cae?

Decime ahora dónde encuentro un pedazo de carne decente en esta ciudad!