lunes, 5 de noviembre de 2007

Los conquistadores

La mayoría de las principales ciudades de América tienen al menos, una calle, una plaza o escultura llamada Cristóbal Colón, aunque en los últimos tiempos, mediante un necesario revisionismo histórico, las interpretaciones acerca de la Conquista española en América son variadas; aún así es innegable que todo el mundo tiene alguna idea del tema y una opinión formada.

En la Costanera Sur de la ciudad de Buenos Aires, pasando la ex-ciudad deportiva de La Boca (donde hace años prosperaron los últimos “autocines”) yace un monumental grupo escultórico dedicado a los conquistadores de América, donde se destaca a Cristóbal Colón rogando, venerando o tal vez agradeciendo a la Reina de Castilla por la financiación de una de las empresas, que para bien y para mal, cambiaron el rumbo de diferentes civilizaciones, de dos mundos, una realidad que en algún momento de la historia, de todas maneras iba a caer por su propio peso sobre las sociedades aborígenes de entonces.


Lamentablemente el monumento está bastante deteriorado, con pasto crecido alrededor, sin placas (seguramente saqueada en la crisis de 2001, cuando muchos objetos cotidianos, de la calle, cobraron inusitado valor como el acero o el bronce, y de la mano de esa crisis, ciertos valores morales dejaron de ser los mismos de antes; los robos de semáforos y hasta de los picos de bronce para inflar ruedas de automóviles en las estaciones de servicio dan testimonio de ello); incluso está muchas veces tapado por los camiones de transporte internacional que usan el boulevard sobre el que está emplazado como lugar de estacionamiento.

En el grupo escultórico es posible observar a varios de los más emblemáticos actores que envió España a las Américas, además de Colón y la Reina. El sacerdote con un aborigen en papel de suplicante, el navegante con el timón a un lado, el caballero con su caballo, los guerreros y los adelantados…


De las crónicas de aquellos aventurados conquistadores resultan interesantes, por el dramatismo en algunos pasajes de los relatos, la de Bernal Díaz del Castillo, en su “Crónica de la Nueva España” y la del sorprendente Alvar Nuñez Cabeza de Vaca con sus “Naufragios”. Por otro lado Juan José Saer, en la novela “El Entenado”, relata acertadamente, con verosímil crudeza y poesía las andanzas del único sobreviviente de la tripulación de Juan Díaz de Solís, diezmada y en parte comida por los antropófagos colastiné en aguas del recién visto por ojos occidentales “Mar Dulce” (hoy Río de la Plata). Puede ser que Saer haya leído a Alvar Nuñez en los Naufragios. En El Entenado, cuando el protagonista es raptado por los colastiné y llevado entre la maleza al corazón de la espesura, relata que es transportado tan rápido por los indios que pareciera que los pies se le levantaban de la tierra. Vale reproducir un fragmento de Alvar Nuñez en Naufragios, cuando él y algunos compañeros son dramáticamente trasladados a una aldea donde los atendieron muy bien: “…nos llevaban hasta el otro tan apriesa, que casi los pies no nos dejaban poner en el suelo; y de esta manera fuimos hasta sus casas…”. Alvar pudo saciar la hambruna que venía arrastrando por su peregrinar luego de un naufragio, en la parte meridional de América del Norte; el Entenado fue el único testigo de cómo sus compañeros eran asados en grandes parrillas para luego ser engullidos por los colastiné en un increíble festín.

El relato de Alvar no deja de sorprender aún hoy. Luego de naufragar con la expedición de Pánfilo de Narváez de 600 hombres en 1528, es uno de los cuatro sobrevivientes que en 1536 llega a ciudad de México, se encuentra con Hernán Cortes, quien le facilita la vuelta a España, luego de pasar diez años de penurias entre el sur de Estados Unidos y el noroeste de México. Fue náufrago, cautivo, aprendió lenguas indígenas, pasó hambre, traficó objetos de valor para los indígenas, fue chaman y resucitador…todo esto antes de volver a España y embarcarse luego de tres años nuevamente a América como adelantado y ser uno de los primeros occidentales en observar las cataratas del Iguazú. Según el arqueólogo José Antonio Pérez Gollán, en la introducción a Naufragios, la narración de Cabeza de Vaca resulta útil en el sentido de que por estar tan bien relatada (gracias a la erudición de Alvar) se convierte en “fuente de estudio y comparación para historiadores, arqueólogos y antropólogos por la información que aporta sobre las poblaciones autóctonas y la naturaleza de los territorios recorridos…”(Pérez Gollán)


A pesar que Bernal Díaz del Castillo comenzó la “Historia verdadera de la Nueva España” cuando contaba mas de setenta años, a más de cincuenta años de la llegada de Cortes a México (Historiografía Indiana, Francisco Esteve Barba), la lucidez del relato muestra un escenario trágico, donde no solo las batallas y matanzas, la noche triste y los sacrificios a españoles, los tambores del Señor de “Huichilobos” son contados, al parecer con precisión y sinceridad, sino que también se traza un perfil de los protagonistas: Cortes, Moctezuma, Xicontecatl, Cuauhtemoc, es decir, los protagonistas a quienes tan cerca tuvo.
El Capítulo CLII describe lo siguiente: “…tornó a sonar el atambor muy doloroso del Huichilobos y otros muchos caracoles y cornetas, y otras como trompetas, y todo el sonido de ellos espantable, y mirábamos al alto cu en donde las tañían, y vimos que llevaban por fuerza las gradas arriba a nuestros compañeros que habían tomado en la derrota que dieron a Cortes, que los llevaban a sacrificar; y desque ya los tuvieron arriba en una placeta que se hacía en el adoratorio donde estaban sus malditos ídolos, vimos que a muchos dellos les ponían plumajes en las cabezas y con unos como aventadores les hacían bailar delante del Huichilobos, y desque habían bailado, luego les ponían despaldas encima de unas piedras, algo delgadas, que tenían hechas para sacrificar, y con unos navajones de pedernal les aserraban por los pechos y les sacaban los corazones buyendo y se los ofrecían a sus ídolos que allí presentes tenían, y los cuerpos débanles con los pies por las gradas abajo…”. El relato continúa con extremo detalle como otros indios sacerdotes cortaban los cuerpos, los desollaban, los adobaban y comían los trozos…del saldo de grandes tragedias en el encuentro de ambos mundos, lo que mas impresionaba a los españoles eran los sacrificios humanos que practicaban, en este caso los aztecas. Actualmente variadas explicaciones científicas intentan un acercamiento a este comportamiento humano que se manifestaba en algunos lugares del continente americano. Motivaciones como la guerra endémica, la competencia por el territorio, la creencia en revertir catástrofes naturales, demostraciones de fuerza al ir pasando las sociedades de agrícolas a ciudades-estado o un poco de cada cosa son los argumentos más verosímiles.


Un entretenido libro del cubano Francisco Pérez Guzmán (la aventura cubana de Cristóbal Colón, editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1992), donde analiza la copia del diario del primer viaje de Colón, pero en la versión de fray Bartolomé de las Casas, describe algunas peculiaridades del contacto de Colón y los españoles con la naturaleza desconocida de Cuba, como la flora y la fauna. Durante el trayecto hacia América, al perecer visualizan unos manatí, y resulta gracioso que hayan confundido a este mamífero que habita en el Atlántico con las míticas sirenas. La referencia es la siguiente: “El día pasado, cuando el Almirante iba al Río de Oro, dijo que vido tres serenas que salieron bien alto de la mar, pero no eran tan hermosas como la pintan, que en alguna manera tenían forma de hombre en la cara…”
Tal vez haya que justificar a estos marineros, que después de tantos días de navegación y con nulo contacto femenino, quieran imaginar en los manatí a mujeres. Sin duda que esos tres manatí tuvieron suerte de no haber sido capturados por los navegantes en ese momento.

Mas allá de las atrocidades practicadas por los conquistadores en el Nuevo Mundo, para entender la complejidad de la situación vale posicionarse en el contexto de la época y la competencia de los países europeos por buscar fuentes de ingresos hacia el final de la Edad Media. Como bien está demostrado en el grupo escultórico, la reina ofrece a Colón un cofre. Es decir, las campañas expedicionarias contaban con un importante subsidio. Los adelantados no acometían la empresa por el simple placer de la aventura, tampoco venían a redimir el paganismo de los aborígenes, más bien se trataba de funcionarios o emprendedores que como mínimo vivían del subsidio, además de buscar la ganancia personal con las inciertas riquezas que habría en América. A la distancia, las diferentes crónicas parecen afirmar esta hipótesis.











El homenaje de la ciudad de Buenos Aires se plasma en este monumental conjunto escultórico, donde puede apreciarse la placa, por encima de la escultura de la reina: “a España fecunda civilizadora eterna”. Grecia, Roma, el Reino Unido de la era victoriana…la tarea “civilizadora”… pasado el tiempo es cómodo que la historia juzgue, pero está demostrado que en esa misma historia “civilizadora” hay protagonistas que sufren y mueren o tuercen su destino de manera injustificada. Lo lamentable es que tal vez no sea tanto que las historias se repitan, o que se hereden, tal vez sea esa inexplicable tozudez del ser humano…


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1 comentario:

Alicia Seminara dijo...

Qué interesante! Esos pasajes que transcribís deberían enseñarse en la escuela!

Y con respecto a la tarea civilizadora, por supuesto que sigue pasando, es el "motivo" por el cual muchos países (bah, los de siempre) invaden otros...